lunes, octubre 12, 2026
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Juan Francisco ha derribado barreras físicas y emocionales

Era una mañana normal en la vida de Juan Francisco Batista Pimentel, un mecánico profesional perteneciente a la Policía Nacional, labor que ejercía con mucho entusiasmo. 

Se alistó y se despidió de su esposa y de sus 5 hijos como de costumbre para cumplir con su jornada laboral. Se dirigió con un sobrino a Los Mina a cumplir con una tarea asignada para, luego volver a su hogar en Villa Juana, almorzar con su familia y marcharse a su puesto de trabajo. 

Pero la vida le tenía una mala jugada esa mañana de noviembre de 1969. El país vivía una de las épocas de represión del gobierno de Joaquín Balaguer. “En ese tiempo mataban a los policías como mariposas y fueron muchos los muertos después de la Guerra Civil de 1965, porque las armas quedaron en manos de civiles quienes delinquían en diversos atracos y robos a comercios”, dice Juan Francisco. 

El incidente dejó una marca imborrable que nunca olvidará. Sólo faltaba una calle para llegar a su hogar y tres hombres, uno de ellos fuertemente armado, le venían siguiendo con la intención de quitarle su arma de reglamento. 

 “No dieron tiempo para que me bajara del carro. Me encañonaron y dispararon. Yo abrí la puerta del vehículo y uno de ellos vino arriba de mí y me disparó y pude esquivar la bala, pero, no me percaté que uno de esos tiros me hirió y al caer en ese momento no sentí mis piernas», recuerda Juan Francisco. 

Juan fue llevado de inmediato al hospital Moscoso Puello donde estuvo por un espacio de una hora. Después fue trasladado al hospital de las Fuerzas Armadas que en ese tiempo se llamaba profesor Marión donde estuvo interno por dos meses. Allí fue atendido por los doctores José Joaquín Puello y Ney Arias Lora. En su estadía clínica fue sometido a diversos estudios para determinar su cuadro clínico y saber por qué no podía mover las piernas. Querían realizarle una LaminectomÍa Dorsal pero el país no contaba con los avances médicos de hoy. 

En su momento una de las radiografías se pudo ver la bala alojada en la sexta vertebra dorsal. El proyectil logró ser extraída pero el daño estaba hecho. Fue diagnosticado con paraplejia espasmódica que hasta hoy mantiene sus piernas con un constante dolor y espasmos repentinos. “Mi vida cambió radicalmente, mi mente se iba al momento del incidente y pensaba que iba a morir ese día, pero Dios no lo permitió”, testimonia.  

Los médicos hicieron todo lo posible para que Juan caminara, y también estuvo ingresado por un año y tres meses en un hospital preventivo que poseía la Policía en ese tiempo en Gazcue, pero les fue imposible así que determinaron su posterior traslado hacia la ciudad de New York al hospital de Rehabilitación Medical Center. Allí estuvo por un mes donde fue sometido a constantes ejercicios buscando una solución para que volviera a caminar, pero, todos los esfuerzos fueron en vano. Juan Francisco tuvo que aceptar su nueva realidad, el abandono de su primera esposa y estar alejado de sus hijos. 

Hubo un antes y después en el mecánico Juan Francisco previo a su recuperación y posterior adaptación a su nueva vida. “Al regresar a mi país fue difícil para mí aceptar que no iba a caminar ya que desde que tengo uso de razón fui una persona activa y verme reducido a una silla de ruedas fue devastador”, menciona. 

Para adaptarse a su nueva forma de vida tuvo que prepararse mentalmente y saber que nadie cuidaría de él. Permaneció solo por tres años donde tuvo que luchar para adaptarse y también a pesar de su estado físico estuvo en la obligación de buscar empleo para sustentarse y obtener más ingresos ya que la pensión de la Policía no le alcanzaba. 

A pesar de las adversidades, Juan no se detuvo ante su discapacidad. Sus ganas de seguir viviendo fueron más fuertes y tuvo que ingeniárselas para generar el sustento de él y su familia, así que creó e instaló un sistema manual para manejar su vehículo y ser más independiente.  

“Pero, yo no me detuve a pesar de las oposiciones que la vida me presentó, entonces pensé que como era mecánico podría vivir de mi profesión, así que instalé un taller automotriz en mi casa, recogí a mis cinco hijos y de ahí todo es historia”, refiere. 

La vida le volvió a sonreír y conoció el amor otra vez. Formó una nueva familia. Hoy tiene 82 años, ocho hijos vivos ya que le fallecieron dos, diecinueve nietos y dos bisnietos y reside actualmente en la urbanización Jardines del Norte. “Dios me ha bendecido a lo largo de este tiempo de discapacidad, jamás pensé que iba a tener otra familia y tener lo que tengo hoy”, expresa en gratitud.  

Pero él, pensionado de la Policía y con más de 40 años en silla de ruedas, ha visto que el país no ha avanzado en materia de políticas públicas en beneficio a las personas con discapacidad. “No se puede negar que el CONADIS ha luchado para que las personas avancen, pero deben crearse leyes de apoyo. Ayudarles a acceder y que se sientan útiles”, reflexiona. 

El Consejo Nacional de Discapacidad (CONADIS) es el organismo gubernamental encargado de velar y propiciar a las personas con alguna discapacidad las herramientas necesarias para poder desenvolverse en la sociedad. Crear políticas públicas y beneficiar al colectivo en materia de inclusión y apoyo. 

Ley 

La ley 5-13 sobre discapacidad en la Republica Dominicana, promulgada en el 2013, estipula en su artículo 2 que: el respeto a la dignidad, no discriminación e igualdad de derechos, equidad, solidaridad, justicia social, integración e inclusión, participación y accesibilidad son los pilares de primer orden para las personas con alguna discapacidad. 

El respeto a la dignidad y la vulnerabilidad de las personas con discapacidad no se cumplen a carta cabal, pues en las calles del país faltan señales y rampas para subir en la acera tanto para personas con discapacidad visual como físico motora, salvo las señalizaciones en los parqueos de los bancos y centros comerciales. Sobre esto último y a pesar de estos espacios, hay personas sin conciencia que ocupan las áreas sin tener condiciones especiales.  

Una colaboración de: María Esther Noyola Batista 

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