Grisbel Medina R.
No aspiro a que se violenten derechos y nadie muera de un plomazo suicida. La muerte duele dos veces: por la pérdida humana y por lo que nunca se sabrá.
No aspiro que las madrugadas sean intranquilas para personas con cuentas pendientes en los tribunales dominicanos y tan codiciados en La Victoria, Najayo y el 15 de Azua.
No aspiro a la depresión de Lucía, por no ver a sus parientes en la cárcel preventiva de Ciudad Nueva. Lo que si anhelo es que ella no vuelva a colocarle el nombre de su fundación, para entregar como propias, las mochilas pagadas por el Estado dominicano. A propósito, quedó impune ese acto de prevaricación.
No aspiro al chapeo bajito en las entidades públicas, sobre todo en puestos de salario diminuto, ocupados por gente que hace su trabajo.
No aspiro a festejos en el fin de año que rebroten la letalidad del COVID-19. Tenemos una vida ¨fietando¨. La prudencia da sus frutos.
No aspiro a obras magnificadas, largas circunvalaciones ni carretera del ámbar. Con el ejercicio de un gobierno digno, decente, que cumpla la ley, me basta.
No aspiro a que los exfuncionarios apresados se enfermen, ni les duela la cabeza y tampoco se depriman. Quisiera se mantengan muy lúcidos y conscientes, así como dirigían las costosas caravanas del movimiento ¨Tornado¨ del excandidato presidencial Gonzalo Castillo.
La corrupción y la impunidad tienen un alto costo invisible. Un precio en deberes de salud y educación que no se cumplieron; en nutrición trunca y en oportunidades de desarrollo lidiando en promesas.
No aspiro solo a gente tras las rejas. Con la devolución de bienes, como dominicana, me sentiría más que recompensada…

