Israel enfrenta una creciente presión interna y del exterior para terminar con la guerra en la Franja de Gaza, donde la mayoría de la población ha sido desplazada al menos una vez durante el conflicto, que ha dejado más de 63.000 muertos.
El ejército israelí no da señales de que vaya a suspender sus planes de tomar Ciudad de Gaza, y su portavoz en árabe afirmó que las tropas no esperarán.
«A partir de hoy (…) la pausa táctica local en la actividad militar no se aplicará a la zona de Ciudad de Gaza, que constituye una zona de combate peligrosa», indicó un comunicado militar.
Esa «pausa táctica local» diaria había sido anunciada a finales de julio para Ciudad de Gaza, la mayor urbe de la Franja de Gaza, y otras zonas del territorio palestino con el fin, según el ejército, de «permitir el paso seguro de los convoyes de la ONU» y de oenegés humanitarias.
Mohamed Abu Qamar, de 42 años, oriundo del campo de Jabaliya, en el norte de Gaza, se preparaba para ir hacia el sur, pese a que le «arde el corazón» al partir.
«No queremos dejar nuestro hogar. Estamos exhaustos, vamos del norte al sur sin un respiro», relató a AFP por teléfono. «La muerte nos está cercando. Emprendemos la marcha sin saber si llegaremos a salvo o si moriremos a mitad de camino».
La ONU estima que actualmente casi un millón de personas viven en la gobernación de Gaza, que incluye Ciudad de Gaza y sus alrededores.
La Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria (IPC), un organismo respaldado por la ONU, declaró el estado de hambruna en esta zona de Gaza la semana pasada, y una agencia de Naciones Unidas atribuyó la situación a «la obstrucción sistemática de Israel«.

