Pedro Angel
Santo Domingo.- El futuro de una vida sana representa un mercado de 16.4 billones de dólares (16 mil 400 millones) del PIB global, pastel muy apetecible marcado por el envejecimiento poblacional a nivel global y el crecimiento de las Enfermedades Crónicas No Transmisibles (ECN).
Un análisis del Instituto Salud McKinsey describe el cuadro y revela que el envejecimiento y el aumento de las tasas de enfermedades prevenibles convierten la vida sana en un objetivo social y un imperativo económico.
La eliminación de los factores de riesgo conductuales, metabólicos y ambientales podría añadir 12 años más a la esperanza de vida al nacer y generar un crecimiento estimado anual de 16.4 billones de dólares del PIB mundial en el 2025.
El análisis expone que el potencial aumento del PIB proporciona a los gobierno una base para priorizar áreas donde las políticas públicas, la regulación, la infraestructura, la prestación de servicios y las alianzas pueden impulsar tanto los resultados de salud como el beneficio económico.
Anota que la a eliminación total de los factores de riesgo modificables podría evitar el 47 por ciento de la carga mundial de enfermedades, lo que se traduciría en un aumento anual del PIB de casi el 9 por ciento en 2050.
Agrega que las cifras son sustanciales en cuatro escenarios generales de eliminación de factores de riesgo modificables y que, a nivel mundial, el impacto económico potencial de invertir en un estilo de vida saludable y eliminar todos los factores de riesgo modificables podría alcanzar los 16.4 billones de dólares en 2050, casi el 9 por ciento del PIB total.
Revela que la carga sanitaria total evitada alcanza los mil 500 millones de años de vida ajustados por discapacidad, lo que equivale aproximadamente al 47 por ciento de la carga mundial de morbilidad en 2050.
Acción
Los gobiernos tienen la oportunidad de ser el principal impulsor de una longevidad saludable actuando de forma intersectorial, en lugar de dejarlo únicamente en manos del sistema sanitario.
Casi la mitad de la carga de morbilidad se debe a factores de riesgo modificables relacionados con el comportamiento, el metabolismo y el medio ambiente.
El reto consiste tanto en identificar qué es lo más importante en el contexto específico de cada país como en organizar a los actores del sistema para que actúen en consecuencia.
Muchos de los factores que más influyen en la salud se encuentran fuera de los sistemas tradicionales de atención médica y están determinados por el entorno cotidiano, las normas sociales, los incentivos económicos, la regulación y los servicios públicos.
Pone como ejemplo que esfuerzos globales en materia de seguridad vial que combinaron estándares vehiculares, diseño de calles, aplicación de la ley y campañas de promoción pública para lograr cambios de comportamiento, lo que redujo las muertes por accidentes de tránsito en más del 20 por ciento en los últimos 15 años.
Del mismo modo -agrega-, las reformas sanitarias a nivel mundial convirtieron cada dólar invertido en el suministro de agua potable y la mejora del alcantarillado en un retorno económico cinco veces mayor gracias a la reducción de los costes sanitarios, el aumento de la productividad y la disminución de las muertes prematuras.
Los autores
Los autores del análisis de la firma global McKinsey son Hemat Ahlawat, un líder global del McKinsey Health Institute (MHI) y socio sénior en la oficina de Zúrich.

