¿Cuál es la necesidad de acorralar y perseguir a una persona hasta llevarla al punto de la desesperación? Y no me refiero a cualquier persona. Muchos nacieron con la flor en su planeta más oscuro, desde vientres bendecidos por espermatozoides poderosos y que crecieron cuan Ramfis consentido y a merced de sus antojos.
Sin embargo, otros pobres infelices no fueron de leches tan agraciadas y les ha tocado construir cada escalón antes de subirlo. Esas personas, que desde su cruda infancia, tuvieron que aprender a asumir compromisos de sobrevivencia como levantarse a las cinco de la madrugada para llegar a la escuela antes de aclarar el día y poder alcanzar chocolate y pan con salami para combatir el hambre que volvería a ¨ver a linda¨ en el arroz, habichuelas y huevos revueltos que desde el mediodía esperaban en la mesa.
Ambos seres vivos nacen, crecen y en el desarrollo uno es Trujillo y la otra es Patria, María Teresa o Minerva Mirabal con la diferencia de que, en estos tiempos, las persecuciones se valen de la tecnología y los desenlaces trágicos emergen de la desesperación, la ansiedad y la presión que aprieta en el pecho mientras sientes la punta de la espada llevándote al paredón.
Todo por no ¨poner de tu parte¨ porque no se puede ser bonita e inteligente a la vez. Elige una de las dos, porque un verdugo poderoso en sus caprichos de niño consentido sigue pensando que todo lo que camina con cabello debe servirse en su plato ortopédico ¨sí o sí¨.
Poderosos verdugos que en su afán de que la víctima ¨ponga de su parte¨ la acorralan hasta llevarla al punto de la desesperación, agarrándose de inventos morales que no están registrados ni como ley ni como regla, cuando lo que por ley o por regla no está prohibido, está permitido.
Estoy segura que a través de las estratégicas matemáticas también se debe aprender a ser selectivo con sus víctimas. Tal como refirió el artista urbano ¨El Alfa El Jefe¨ en su reciente entrevista con Santiago Matías en Alofoke Sin Cesura ¨ten dos hijos pa´ que tú veas como tú piensas diferente¨. Cuando alguien se presta a hacerle la vida imposible a una persona con hijos, dejándole desempleado, sin opciones y sin salida puede estar seguro que esa será una bomba de tiempo que al explotar le salpicará con sangre. Por eso, acorralar infelices puede traer un desenlace fatal tanto para la víctima como para el victimario.
Todavía queda gente que entre perder la dignidad o la vida prefiere perder la vida. A mis 33 años no se me da el ¨poner de mi parte¨ y si fuera a darse sería muy selectiva para que, por lo menos, mis mieles empapen el colchón. Puedes quitarme el micrófono, pero ten presente que una pluma puede ser más asesina que una bala.
Por: Odil Beato Hernández

