Grisbel Medina R.
El presidente Abinader Corona cumplió cien días en el Palacio Nacional. Cien días de reuniones, importantes decisiones, proyectos, visitas, almuerzos con ¨indispensables¨ de Instagram y una agenda que casi siempre desarrolla al lado de la vicepresidenta Raquel Peña.
Su forma de hacer Gobierno emite señales y todas comunican. La camisa blanca, muchas veces recogida, le aporta un tono casual a un hombre que saluda con el puño y no tiene visos de alucinarse por ocupar una posición privilegiada. El blanco ya es un tono constante en las prendas del Presidente y prácticamente todo el gabinete.
Mientras el expresidente Danilo Medina ocupaba sus domingos en la estrategia de las ¨visitas sorpresas¨, Abinader programa una agenda de recorridos por ciudades y municipios con cinco, seis y hasta siete paradas por día. En estos viajes se muestra vigoroso y fresco; parece no agotarse cuando habla, promete y se compromete en cada aterrizaje del todo terreno marca Lincoln placa 01, que lo transporta.
Un detalle que puede diluir los mensajes del Presidente es la frecuencia de sus alocuciones. Abinader habla en cada lugar que se desmonta y una noticia suele sepultar la otra. En Santiago, intervino ante alcaldes de la provincia, en el almuerzo de AIREN, ante tabaqueros de la región, en conferencia con medios informativos y posteriormente en el acueducto de la canela, Compromiso Santiago…y así.
La cantidad de obras prometidas y proyectos a canalizar colman la parrilla de la prensa nacional, obligada a priorizar entre los muchos temas relevantes del mandatario. Súmele el desafío de evitar el desgaste de la figura presidencial por hallársele y escuchársele en todas partes. Ojo con eso: ni poco que enmudezca ni mucho que canse.
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